Aunque popularmente se conozco más el Síndrome de la Boca Seca, lo cierto es que existe una patología que consiste precisamente en lo contrario, es decir, la hipersalivación y recibe el nombre de sialorrea.

Aunque es menos común, existen pacientes que alteraciones en la glándula parótida, la submandibular y la sublingual que son las responsables de la producción de la saliva y que en estos casos se produce una estimulación parasimpática excesiva. Es común verlo en niños que están en la etapa de crecimiento dentario o incluso en mujeres embarazadas o pacientes que toman fármacos solinérgicos o quimiterápicos. En el caso de los niños, basta simplemente con aplicar algunos alimentos u objetos fríos, estar alerta por posibles ahogamientos y prevenir la irritación de la piel mediante el secado de la saliva con un paño seco.

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Resulta además muy molesto porque puede producir amigdalitis, estomatitis, cáncer, espasmos, úlceras duodenales, hernias de hiato, helmintiasis o hepatitis vírica.

Ahora bien, ¿cómo la podemos identificar? Es fácil, solamente tenemos que notar que producimos más saliva de la normal por lo que puede derivar en babeo que notamos cuando estamos hablando o cuando se tienen algunos trastornos neurológicos como el Parkinson o la parálisis cerebral que impide mantener la boca cerrada. Y aunque en un primer momento, pueda ser considerado un problema estético, va mucho más allá ya que ocasiona problemas de deshidratación, de higiene bucal, cutáneos o incluso de ahogamiento. Esto indudablemente provoca que el paciente tenga una calidad de vida menor y algunos problemas derivador en el habla ocasionando problemas de autoestima o frustación.

No podemos olvidar la importancia de la función que realiza la saliva en nuestro organismo ya que es la encargada de lubricar la boca, favorece el proceso de masticación y deglución así como en la digestión de los alimentos que contienen carbohidratos. Por otra parte, nos ayuda a degustar el sabor de los alimentos, reminaliza las piezas dentales y nos protege contra la desmineralización de los mismos por lo que hace una importante labor de protección antimicrobiana y de amortiguación del pH.

Se estima que el organismo de un adulto produce una media de 1500 ml al día, aunque su producción varía en función del momento del día en el que nos encontremos. Por ejemplo, no será lo mismo estar haciendo deporte donde esta producción se reduce considerablemente a que estemos en contacto con alimentos ácidos por ejemplo que estimulan la salivación.

El tratamiento más adecuado  consiste en analizar la causa que provoca la patología estableciendo desde modificaciones en la conducta o hábitos, sometimientos a un tratamiento médico o incluso quirúrugico. En este último caso, el encargado es un experto en cirugía maxilofacial que extrae algunas glándulas salivales, liga los conductos por donde se libera la saliva hacia la boca desde las glándulas salivales y así provocar la disminución del tamaño de la misma y por lo tanto de su producción.